Lugar Común

Por Augusto Elmore


EL folclor peruano está a punto de naufragar en el mar de la huachafería y el mal gusto, a los que somos cada vez más propensos. Como ha sucedido con aquellas diz que danzarinas folclóricas que en la Plaza de Armas bailaron -digo, es un decir- una tunantada con motivo de los festejos de COTAL '95. Las amplias y coloridas faldas de las mujeres andinas fueron remplazadas en la ocasión -y mucho me temo que en otras más- por vergonzosas y ridículas minifaldas, de un mal gusto tan supino que si José María Argüedas las hubiese visto se habría suicidado de nuevo. Una tergiversación tan grave del folclor no debería pasar desapercibida, y menos ser aprobada por las autoridades de la cultura y el turismo peruanos. A menos que en el futuro tengan pensado hacer el cambio definitivo de las tradicionales, multicolores y vistosas faldas de la mujer andina por la tanga de Susy Díaz; tan popular ella últimamente entre ciertos colegas. Los bailes folclóricos, aunque sean jubilosos, son cosa seria, digna, y no pueden prestarse para una exhibición de calzones y de piernas regordetas. Señores de Foptur, o quien diablos haya contratado dicha exhibición de mal gusto: ¡más atención a lo auténtico, por favor! No demos risa. Ni vergüenza.

  • Yo creo que en Sedapal han descubierto la fórmula: cuando baja la cantidad de agua que pueden distribuir, elevan la tarifa. Así, como Jalisco, nunca pierden. Los que sí pierden son los consumidores. Por lo menos aquellos a quienes les llega agua. ¿Justicia social, digamos?

  • Me extraña no haber leído ni escuchado ningún comunicado de la Asociación de Oficiales Generales en retiro en relación a un caso que de veras los involucra: el enjuiciamiento y condena de dos importantes miembros de su institución, los generales en retiro Ledesma y Mauricio, por expresiones emitidas en su condición de retirados, en decir de ciudadanos. No sé si será por conveniencia o por temor -cualquiera de las dos opciones me parecen deplorables-, pero lo cierto es que aquellas personas que alguna vez tuvieron en sus manos la defensa de la patria, ahora no tienen resuello suficiente para defender sus derechos y los de dos de sus miembros más distinguidos. Mejor que se disuelvan. O cambien de nombre por el de Asociación en Retiro de Oficiales Generales en retiro.

  • Que conste que no estuve a favor de las expresiones de ambos generales, por lo menos en algunos de los conceptos que expresaron durante la campaña electoral (coincidiendo con la guerra con el Ecuador), pero sí me siento obligado a defender el derecho que tienen como ciudadanos de opinar sobre lo que deseen, ajustándose a la ley civil, que ahora como retirados debería ser la única que los rige. Además, rechazo de plano, yo que soy simplemente un civil, el que dos distinguidos generales peruanos sean considerados como capaces de injuriar a su patria y de cometer el imposible delito de infidencia (imposible por cuanto por su condición de retirados, carecían de acceso a la información que supuestamente habrían revelado). Si eso fuera cierto, quedaría muy mal parada la enseñanza de la Escuela Militar.

  • ¿Será que las gollerías pueden más que la solidaridad profesional?

  • Y ya que estamos en el tema militar, ahora que se ha lanzado como candidato a la presidencia de su país el general ecuatoriano José Gallardo, el Perú debe tomar las medidas necesarias para no volver a ser sorprendidos. Aunque para nadie será una sorpresa que ese general se lance a una aventura de la que se puede asegurar por adelantado saldrá mal parado. Pero, así y todo, hay que estar precavidos,en el terreno militar tanto como en el diplomático. Con vecinos así, nunca se sabe cuándo sacarán las uñas.

  • Vuelvo al tema de la injusta y abusiva condena de los generales Ledesma y Mauricio para mencionar que, en especial la del segundo, ha conseguido algo muy difícil de obtener hoy en día en el Perú: la casi absoluta unanimidad de opiniones en contra. Por lo menos no he escuchado a nadie decir que dicha condena es justa. La indignidad de algunos no llega a tanto. Al menos que alguien quiera demostrarnos lo contrario.

  • Entonces, si todos estamos en contra y nadie a favor (salvo los miembros de la Corte de Justicia Militar, probablemente; aunque no de seguro), lo que se impone sin lugar a dudas es lo que ha pedido Manuel d'Ornellas recientemente: el indulto. Si hiciese tal cosa, el presidente Fujimori demostraría pasta de estadista y no solamente de jefe de Estado (que no es lo mismo). Un indulto convocaría la simpatía del país y limaría aristas que persisten y hasta se hacen más hirientes. Sería señal de fortaleza, mientras que no concederla demostraría debilidad. Y falta de sensibilidad.


    CARETAS 1367