Controversias

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

De Héroe a Villano

LOS repentinos ataques de medios de comunicación oficialistas al general Vladimiro López Trigoso, jefe hasta la semana pasada de la 5ª División de Infantería de Selva (DIS), han terminado de destruir la ficción de una victoria militar sobre los invasores. Porque sería absurdo que a un jefe militar triunfante se le trate de esa manera. En el caso que hubiera cometido errores, estos se verían empequeñecidos por sus méritos, que deberían ser destacados sobre sus faltas.
No cabe duda, además, que los ataques a López Trigoso provienen del gobierno. No solamente porque han sido formulados desde el diario fujimorista Expreso -que el sábado pasado lo destacó en primera plana y atribuyó las críticas al propio Alberto Fujimori, y desde el intachablemente gobiernista Panorama de Canal 5. Sino porque la naturaleza de las acusaciones y la falta de evidencias comprobables de las mismas-, contra un general del Ejército que ha estado dirigiendo un frente de batalla en un conflicto bélico, hubiera ocasionado no sólo un inmediato y enérgico desmentido de su institución, sino también un juicio y probablemente una condena a cualquier medio de prensa que se hubiese atrevido a publicarlas, porque se refieren directamente a asuntos que en una guerra son secretos militares.
En otras palabras, Expreso y Panorama las han lanzado con la convicción que nadie los va a tocar. Y esa seguridad, en un régimen cívico militar autoritario como el actual, sólo la puede tener quien se sabe respaldado desde el poder.
La pregunta que cabe formular después de observar lo que está ocurriendo con el general López Trigoso es ¿por qué el gobierno lo ataca de esa manera si es evidente que con ello contribuye a derrumbar su propia mentira del triunfo militar? Al parecer hay varias razones.
  • La primera, que la farsa de la victoria es ya insostenible. Las evidencias que el cese del fuego y el acuerdo de paz se hicieron con tropas ecuatorianas posesionadas de parte del territorio peruano, tanto en la Cordillera del Cóndor como en la confluencia Yaupi-Santiago, son abrumadoras. Hasta los medios de prensa oficialistas lo reconocen.
    Peor aún si se acerca el momento en que los garantes van a entrar a la zona de conflicto y comprobar quién está realmente en Tihuinza y otros puntos del territorio peruano. Por eso el lunes 6 de marzo, el propio Expreso publica, con gran desparpajo, un diagrama en su primera plana, donde reconoce que Tihuinza está en manos ecuatorianas.
    No importa que eso contradiga flagrantemente lo que sostuvo Fujimori el lunes 13 de febrero, y que fue celebrado durante 3 semanas por todo el oficialismo. Si una mentira es insostenible, se abandona y se la cubre con otra mentira.
  • La segunda razón, es que si el mito de la victoria militar se está derrumbando y la cruda realidad de la derrota va evidenciándose, hay que encontrar a supuestos culpables del desastre para encubrir a los verdaderos responsables: Alberto Fujimori, Nicolás Hermoza y Vladimiro Montesinos, los que han tenido en sus manos la conducción directa de la política exterior, militar y de inteligencia durante los últimos años.
    Por eso también el apresuramiento en crear la VI Región Militar y poner al frente a Luis Pérez Documet, un general que no es precisamente brillante ni capaz, cuya principal característica es su incondicionalidad a la cúpula cívico militar. Y que, además, debería ser uno de los investigados si fueran ciertas las acusaciones contra López Trigoso, porque la 5ª DIS dependía directamente del Comando Conjunto, en el cual Pérez Documet era jefe de Estado Mayor.
    La maniobra se va dibujando claramente entonces: acusan a López Trigoso cuando la derrota militar es inocultable, para convertirlo en el responsable del desastre. Ponen como nuevo jefe de la VI Región a Pérez Documet, que por ser sumiso al gobierno y uno de los culpables del fracaso, no vacilará en impedir o desviar cualquier investigación seria, como sostiene el general Luis Palomino, en entrevista en esta edición.
    Por último, para redondear la faena, Pérez Documet le cierra las puertas al periodismo en Bagua y El Milagro. De esta manera van desapareciendo las noticias de los medios, que ya no tienen qué informar desde esa zona, y a la vez impiden cualquier filtración incómoda de los oficiales y soldados indignados por la forma cómo se está tratando a López Trigoso.
    En síntesis, los responsables del más grande desastre militar peruano desde 1879, están tratando de borrar las huellas y ocultar sus culpas. Para ello no vacilan en enlodar a sus víctimas propiciatorias y repetir los mismos errores que han producido esos resultados: nombrar a jefes militares en función de su lealtad política y no por su capacidad profesional.
    CARETAS 1353