Controversias

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Chocante

LAS imágenes de Alberto Fujimori con el torso desnudo, bañándose en una apacible poza, mientras varios periodistas, vestidos ellos, con el agua hasta la cintura, lo entrevistaban, ha sido una de las imágenes más chocantes y grotescas de esta espantosa guerra.
Sobre todo si varios kilómetros más allá, jóvenes oficiales y soldados peruanos, seguían combatiendo y muriendo en el intento de desalojar a los invasores.
Los rostros adustos y casi siempre demacrados de los soldados peruanos hoy, no dejan dudas sobre la naturaleza de los cruentos combates y de las dificilísimas condiciones en las que tienen que pelear, con líneas de abastecimiento extensas y con una logística que oficialmente se ha reconocido como deficiente.
Pero el chapuzón, las sonrisas y los gestos desafiantes de Fujimori en la laguna terminaron pronto, cuando la artillería ecuatoriana empezó a machacar nuevamente las posiciones peruanas.
La apresurada retirada de Alberto Fujimori fue relatada por la reportera Gladys Bernal de El Comercio: "Veinte minutos después, apareció entre la selva el presidente Fujimori, apoyado en dos de sus miembros de seguridad personal y casi sin fuerzas para seguir adelante". Apremiados por los cercanos ruidos de las explosiones, las dos horas que se tarda en llegar al PV1 se convirtieron en sólo cuarenta minutos, concluye la periodista. (27.2.95).
La excursión de Fujimori a un lugar al que habían sido llevados la semana anterior los equipos de tres programas dominicales de la TV, no tenía como propósito insistir en que ese territorio es peruano, como arguye Fujimori.
Su presencia allí en nada va a cambiar el Acuerdo de Itamaraty, que define esa zona cómo "área de enfrentamiento" y que obliga a las fuerzas armadas peruanas a retirarse de ella.
En realidad, el viaje responde a su acuciante interés político-electoral de entregar alguna imagen del presidente izando una bandera, que se parezca en algo a la de Fernando Belaúnde en 1981 en Falso Paquisha. A falta de la bandera en Tihuinza, no le quedó más remedio que la de Cueva de los Tayos.
Base en la que, dicho sea de paso, no se mostró ni los túneles, ni las casamatas de concreto, ni las trincheras que supuestamente la defendían. Ni siquiera tiene helipuerto. Lástima que los periodistas que acompañaron a Fujimori, no le hicieron las mismas preguntas que dos acuciosas reporteras peruanas formularon a los militares ecuatorianos que las llevaron hace algunas semanas a un lugar que dijeron era Tihuinza.
A Fujimori no le importó que el periplo, que servía a sus intereses electorales, se contrapusiera a la imperiosa necesidad de nuestra diplomacia de revertir la imagen de país agresor, de grandazo abusivo y prepotente, que nos ha endilgado con maquiavélica habilidad la propaganda ecuatoriana.
El resultado fue que el jueves 23, en la reunión de la OEA convocada a pedido de Ecuador, la representante de los Estados Unidos calificara de "provocación" el viaje de Fujimori. Se basaba en el hecho que el gobierno peruano se había comprometido, en el Acuerdo de Itamaraty, a "no efectuar desplazamientos militares en el área de enfrentamiento" y a concentrarse en el PV1.
Si bien es cierto que Ecuador no ha cumplido tampoco el acuerdo, Fujimori lo estaba violando de manera innecesariamente ostentosa, desplazándose acompañado de tropas en esa área y mostrándolo al mundo entero. Quedaron pocas dudas, entonces, a la comunidad internacional, que el mismísimo presidente del Perú no respetaba el acuerdo y que, lejos de replegarse al PV1, marchaba al norte de ese puesto.
No se trata, ciertamente, de dejarse engañar por los ecuatorianos que nunca se retiraron del territorio peruano. Pero tampoco agitar a los cuatro vientos que el Perú no respeta el Acuerdo que acaba de suscribir. La absurda bravuconada de Fujimori, "si me pasa algo es la guerra total", además de ser insultante para los cientos de soldados peruanos que han sido muertos y heridos en este conflicto, causó también una deplorable impresión en el hemisferio.
Una de las consecuencias ha sido una lapidaria frase en la declaración de los garantes del sábado 25, en la cual instan a las partes "a evitar cualesquiera iniciativas que puedan ser interpretadas como amenaza o como provocación". Quedan pocas dudas de quién es el destinatario de la diplomática reprimenda.
Finalmente, Fujimori ha reconocido implícitamente la derrota diplomática que ha significado aceptar desmilitarizar el territorio peruano, mientras los ecuatorianos mantienen intactas y reforzadas sus bases a escasos metros de la frontera. Tardíamente ha aceptado la tesis de Javier Pérez de Cuéllar, que advirtió que la desmilitarización tenía que ser realizada a ambos lados de la frontera, y no sólo del nuestro.
Pero su pedido para que se retiren de Coangos ha recibido una altanera y despectiva respuesta de los ahora envalentonados ecuatorianos. Y es que ellos saben que el Acuerdo de Itamaraty los beneficia y que el Perú no puede desconocerlo sin perjudicar su posición diplomática. En suma, Fujimori, enceguecido por su apetito electoral, sigue acumulando errores que perjudican al Perú.
CARETAS 1352