Ahora , No Volver a Meter la Pata

En Montevideo, vuelve la esperanza de la paz pero persiste un extraño sabor sobre la estrategia diplomática y los errores.

Presidente Luis Lacalle junto con mandatarios de Paraguay, Bolivia, Chile, Brasil, Perú, Colombia, Argentina y Ecuador. Los contendores en los extremos. Abajo, jefe de la misión de observadores, general Ariel Pereira. Da Fonseca.

EL martes 28 de febrero será recordado por los uruguayos como uno de los más intensos de las muchas jornadas diplomáticas que le ha tocado vivir a Montevideo.

Esta vez fue el conflicto peruano-ecuatoriano el nudo del problema, que al parecer al filo de la medianoche tendía a desatarse. Los países garantes del Protocolo, a través de sus cancilleres, culminaron las tratativas iniciadas a las 8.15 p.m., en parte por el retraso del canciller Efraín Goldenberg, que vino directamente de Nueva York, y cerradas 4 horas después con un acuerdo "inmediato y definitivo" de cese de las hostilidades aceptado por Ecuador y Perú. Se entreabría de nuevo, y tímidamente, la puerta de la paz. La iniciativa de la cita de Montevideo partió de Eduardo Frei de Chile y fue hecha pública la semana pasada en la reunión de emergencia de la OEA en Washington. Tanto el presidente Sixto Durán Ballén, como Alberto Fujimori se reunieron el martes con el mandatario chileno, antes de iniciarse el cónclave pacifista de los cancilleres.
Sixto Durán fue el primer presidente en llegar a suelo uruguayo. 1.30 a.m. del martes. En la mañana se reunió con el nuevo mandatario electo Julio María Sanguinetti, luego con el presidente colombiano Ernesto Samper y luego ofreció una agresiva conferencia de prensa. Puede que haya causado risas entre sus compatriotas, pero en Montevideo se "fue de muelas", como dijo un peruano visitante. En la conferencia y ante la televisión invitó a su colega Fujimori, burlonamente, a comerse un "cevichito en el Tihuinza Sheraton" y lo comparó con un avestruz.
Ese tipo de payasadas pasaría si no hubiera muertos, lisiados y heridos de por medio.
El mensaje que portaba Durán era más constructivo (está por verse si además sincero) pues reconoce abiertamente el Protocolo de Río de Janeiro, pero al mismo tiempo duro ya que habló de nuevo de llegar al Amazonas ("el río de Quito") mediante un "acceso territorial de continuidad", lo que obviamente cambia los términos del propio Protocolo.
Alberto Fujimori, por su parte, recién confirmó el lunes que asistiría a la trasmisión de mando. En Uruguay se temía que pudiera ocurrir lo de Cumaná, en Venezuela. La decisión de Fujimori despertó interés porque podría ocurrir que estuviera cara a cara con su homólogo ecuatoriano.
Al llegar el martes, no hizo declaraciones y, por evitar a la prensa, canceló un almuerzo en el famoso Mercado del Puerto.
Se supo también que Jorge Traverso del Canal 10, que a fines del año pasado entrevistara a Fujimori en Lima, lo invitó a un programa para debatir con Durán Ballén. Previsiblemente, Fujimori se negó. Al cierre de esta edición, todo hacía prever que se guarda para el final, donde posiblemente responderá ironías.
El esperado encuentro en la cena que ofrecía el presidente saliente Luis Lacalle en el palacio Taranco tampoco se produjo como lo esperaban los periodistas. Por precedencia les tocaba sentarse juntos. El protocolo uruguayo maniobró las ubicaciones para que estuvieran alejados y en la misma fila de la mesa, de modo que tampoco se miraron frente a frente. También se las arreglaron para que no viajaran juntos en el mismo vehículo a las ceremonias del miércoles.
En la foto oficial, como puede verse, figuran en los dos extremos del grupo de mandatarios.
El Hotel Victoria Plaza tampoco fue testigo de ningún encuentro. Varios pisos separaban las comitivas. En el cuarto piso estaba también la oficina oficial del presidente Sanguinetti.

Secretario General César Gaviria, embajadora del Perú Beatriz Ramacciotti y embajador ecuatoriano Blasco Peñaherrera. Se corrió el riesgo de que maniobra ecuatoriana prosperara y se extrañó prestancia de otros tiempos.

VOLTEAR LA PAGINA

Nada indica que se pueda voltear la página no obstante esta solución admonitiva y perentoria de los Cancilleres del Protocolo de Río.

En la última semana se asistió a una carrera por parte de ambos mandatarios de mostrarse poco diplomáticos. Era la traducción política de la escalada en el frente militar. Al Perú no le ha ido muy bien en el campo diplomático, según opinión corriente desde la suscripción de la Declaración de Paz de Itamaraty, cuestionada en varios niveles de la opinión pública.
Es verdad que en Ecuador tampoco fue bien recibido el documento, pero cuando menos había razones para pensar que la retirada ecuatoriana de las tropas era menor que la peruana, constreñida al PV-1.
Pero lo que pareció colmar la ecuanimidad, fue la visita de Alberto Fujimori a Cueva de los Tayos, considerada por uno de los países garantes, nada menos que Estados Unidos, como un gesto que agregaba pólvora a una situación explosiva. (Ver editorial). La "provocación" de Fujimori para otros el festivo picnic constituye una metida de pata. Si el Perú, en efecto, sostenía que respetaba el alto al fuego y retiraba sus tropas al PV-1, ¿a qué meterse en la zona en conflicto? Algo más: la amenaza altisonante de que si algo le pasaba se desencadenaría la "guerra total" era desproporcionada.
Ecuador, como se sabe, presenta en su ofensiva publicitaria su situación como la de un David amenazado por un Goliat abusivo. Fujimori le dio en la yema del gusto al hablar de guerra total.
En la OEA, Ecuador le ganó la iniciativa al Perú al lograr una reunión de emergencia del Consejo Permanente el jueves 23 de febrero en la que el Secretario General, el ex presidente colombiano César Gaviria, vio la ocasión de inaugurar su gestión con una incursión diplomática más firme que la visita que hizo semanas atrás a Lima y Quito.
La reunión de la OEA en Washington demostró las condiciones del embajador ecuatoriano Blasco Peñaherrera, empeñado en el doble juego de aparecer respetando el Protocolo pero tratando de sacar el tema de ese marco para expandirlo al de la OEA. Beatriz Ramacciotti, la representante peruana tuvo una prueba de fuego que hizo recordar lo útil que hubiera sido tener a un equivalente del embajador y ex canciller Luis Marchand.
Luego Ecuador ha intentado involucrar a los Estados Unidos más directamente en las tratativas de cese al fuego, persuadiéndolo que quien incumplía el acuerdo era el Perú. Estados Unidos lamentó la presencia de Fujimori en la zona, pero la visita posterior del canciller Efraín Goldenberg a Washington parece haber logrado una mirada más comprensiva.
El otro campo en el que el Perú no salió bien parado, aunque no estrictamente con respecto al tema de quién incumplía el cese al fuego acordado, fue la visita de la primera misión de observadores militares y diplomáticos encabezada por el general brasileño Ariel Pereira da Fonseca.
Esta misión debió dividirse en dos equipos que simultáneamente visitaran Coangos y PV-1. En realidad, primero estuvo en Ecuador, llegando incluso a una zona muy próxima al centro de las hostilidades. En la TV ecuatoriana se vio claramente que los miembros de la misión escucharon bombardeos, que los anfitriones ecuatorianos señalaron provenían de la parte peruana. Uno de los miembros de la misión respondió en ese momento que no había manera de verificar si esto era cierto.
El presidente Fujimori ha dicho luego que fue una estratagema ecuatoriana para presentar al Perú como el violador del cese al fuego. Ellos mismos dispararon morteros desde el territorio que bien podía ser Tihuinza o zonas aledañas.
La misión en el lado peruano, el PV-1 no pudo constatar con la misma cercanía el fuego cruzado. Según se ha sabido lo que sí pudo establecer que las condiciones en que se desarrollaba el accionar de las fuerzas peruanas incluyendo alimentación y logística eran dramáticas y diferentes que las de las tropas ecuatorianas. Eso pudo impresionar al general brasileño Da Fonseca, según expresiones que éste vertiera destacando el esfuerzo de los combatientes en el inhóspito territorio en disputa.
Otro aspecto es la evaluación de las misiones especiales enviadas por el Perú a distintos países y a cargo de personalidades "apolíticas". Es posible que haya habido de todo. Por ejemplo, en Montevideo se comentaba que cayó mal el que Manuel d'Ornellas, de Expreso, tildara de "frívolo" a Javier Pérez de Cuéllar. Las misiones especiales tenían por objetivo divulgar la validez jurídica de la posición peruana, pero en los días que actuaron la atención de los países giraba en torno al hecho que no se estaba respetando el cese del fuego y que el presidente Fujimori marchaba hacia Cueva de los Tayos a darse el tonificante baño, entre sonrisas y desplantes que poco tenían que ver con las dramáticas circunstancias de muertos y heridos del frente de batalla.

EL SEGUNDO CESE

Esas metidas de pata deberían ser evitadas en este segundo tramo de las negociaciones diplomáticas.

Muchos avisos especialmente las declaraciones del canciller brasileño Luiz Felipe Lampréia y del argentino Guido Di Tella indicaban que los países garantes sí se encontraban con una resistencia al entendimiento por parte de Ecuador y Perú, sintiendo que era vencido el "límite de su capacidad", podrían llevar el caso a la OEA, lo cual sería perjudicial para la posición peruana.
No ayudó mucho la forma en que el presidente Fujimori se refirió a los países garantes en la infortunada presentación del domingo 26 en dos canales de TV.
Sin embargo, Montevideo vuelve a encender la pequeña luz de la esperanza.
Ecuador sabe que puede jugar a dos ases: "fingir" sujetarse al Protocolo pero continuar con su ofensiva de infiltración y hostigamiento en la zona del Cenepa. En última instancia su carta final es la de llevar el caso a la OEA para que ésta lo pase a su vez al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
El Perú debería, por el contrario, demostrar prístinamente que no viola el cese del fuego y para ello tiene que evitar los desplantes de Cueva de los Tayos y esas visitas presidenciales que pueden tener efecto interno -aunque eso incluso está por verse- pero que internacionalmente son devastadoras.
Lo que viene es la conformación de la misión de observadores que dividirá su trabajo en Ecuador y el Perú. La condición es que se respete el alto al fuego, no se caiga en nuevas provocaciones y los observadores tengan un mínimo de garantías y transparencia para su trabajo. Los presidentes Durán y Fujimori tendrán que abstenerse de continuar con "shows" que lo único que buscan es lavarles la cara ante sus respectivos auditorios. Hasta ahora, en la guerra informativa Ecuador también le ha llevado ventaja al Perú. En Montevideo el Canal 4 trasmitió una serie de documentales desde el lado ecuatoriano, con visitas a la selva, presuntos ataques peruanos, estadías en "Tihuinza". Del Perú no llegó nada. Un uruguayo que habló con CARETAS consideró que "El Perú tiene razón jurídicamente, pero Ecuador les lleva una gran ventaja en el área política y propagandística".
De esto se está persuadido también aquí. Basta ver los resultados de la encuesta de Apoyo sobre ese punto (ver nota El Frente de las Encuestas).
Hay pues un trecho por recorrer, correcciones por efectuar, y mucho barro que evitar.


Presidente Sixto Durán Ballén en conferencia de prensa en Montevideo: volvió a las andadas.


CARETAS 1352