Desde Fuera

Por LUIS PASARA

La Batalla Perdida

A dos semanas de haberse iniciado las hostilidades entre Perú y Ecuador, y en medio de versiones contradictorias acerca de qué ocurre y por qué, en la escena internacional el Perú ha perdido claramente una batalla. La ha perdido en esa guerra paralela que en estas ocasiones se libra para ganar la opinión pública internacional. Lucha que, aunque no se da en el frente militar, en ocasiones resulta decisiva a la hora de establecerse quién ganó y quién perdió.
Ecuador ha logrado hacer creíble, a través de los medios de comunicación: 1) que al firmar el Protocolo de Rio fue despojado de doscientos mil kilómetros cuadrados de territorio; 2) que el país agresor es el Perú; y 3) que la cúpula gobernante peruana tiene el designio de sacar ventajas subalternas del conflicto.
Tómese el caso de la información que circula sobre el conflicto en Argentina, país que guarda con el nuestro una marcada relación de simpatía y donde se agradece reiteradamente el apoyo peruano durante el conflicto de Las Malvinas. La Nación, el diario argentino de mayor prestigio, puso en segunda página de la edición del martes 31 un mapa de la frontera con una zona sombreada casi equivalente a la de todo el territorio ecuatoriano que se presentó como el área que "en el Protocolo de Rio perdió" Ecuador. Esta es, exactamente, la tesis de Quito.
La tendencia de la prensa internacional frente al conflicto se ha alimentado del "silencio estratégico" por el que optó el oriental estilo de gobierno en Lima. Silencio que ha cubierto también a las respectivas embajadas. Mientras los representantes ecuatorianos se han prodigado en explicar su posición, los embajadores peruanos resultaban frecuentemente inubicables. O demostraban un pobre estilo, como el de la ciudadana de origen uruguayo que representa al Perú en la OEA, Beatriz Ramacciotti. Cuya lectura de un texto oficial, que siguió escolarmente desplazando el dedo índice sobre cada palabra leída, resultó penosamente visible en la Tv.
Mientras Ecuador utilizaba a fondo la "transparencia informativa", en el Perú no hubo facilidades para la prensa extranjera durante toda la primera semana. El resultado fue un desbalance que se hizo notorio en la cobertura de la Tv. Tanto CNN como TV Española ubicaron a sus corresponsales del lado ecuatoriano. La semana pasada el noticiario CNN en español puso a su conductor Jorge Gestoso en el frente de batalla al lado de tropas ecuatorianas en imágenes emotivas.
La atmósfera del lado peruano ha sido la que una estrecha mentalidad militar imagina como la ideal: parcos comunicados oficiales y ningún esfuerzo persuasivo. El ejemplo perfecto lo dio esa inútil reunión de Fujimori con la prensa, en la que habló diez minutos y no dejó que se le formularan preguntas.
Ecuador, mientras tanto, recurría a un manejo global del conflicto. En el que el presidente Durán Ballén multiplicó conferencias de prensa, aprovechó a plenitud la reunión de mandatarios del Grupo Andino en Venezuela para explicar su posición y se lanzó esta semana a una gira propagandística por los países garantes. Inteligentemente, los oficiales ecuatorianos han hecho gala de pacifismo en la Tv.
Como resultado del silencio peruano, la versión ecuatoriana del conflicto encontró cancha libre. Tv, radios y diarios se han hecho eco, involuntariamente, de todos los argumentos ecuatorianos, que señalan al Perú como país agresor.
En estos casos, es usual que las dos partes se acusen de haber encendido la mecha. Salvo nacionalismos enfermizos que resultan contraproducentes ante la opinión pública internacional sólo caben conjeturas al respecto. Ese terreno incierto ha sido ocupado eficazmente por los ecuatorianos mediante una interpretación de aquello que llaman "la agresión peruana".
Durán Ballén, respaldado por el hecho de no ser candidato a nada, ha denunciado una necesidad política reeleccionista de Fujimori, que se da la mano con la urgencia de reivindicar, a cualquier precio, a las fuerzas armadas de las acusaciones conocidas, y cada vez mayores, por sus vinculaciones con el narcotráfico. Puede que el cargo no sea cierto, pero admitamos que es absolutamente verosímil.
La condición de Perú como país agresor se hace más creíble, ante la opinión pública internacional, debido a otros dos factores. El primero consiste en que la inferioridad bélica de Ecuador le hace desaconsejable tomar la iniciativa militar. El segundo es que, pese a las evidencias que están a la vista, en el Perú se insista cerradamente y no sólo desde el gobierno en que no hay problema territorial pendiente porque el Protocolo de Rio resolvió definitivamente el asunto. Finalmente, ha contribuido a que se pierda la primera batalla una imagen internacional de Alberto Fujimori, que no es de simpatía. Desde Madrid, aludió un corresponsal argentino a la "opinión especializada en la que Fujimori disfruta de escasos adeptos". Se cosecha ahora los frutos de tanto gesto autoritario.